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Una propuesta en Mar Azul, Provincia de Buenos Aires, de mínimos recursos materiales y formales. Una alternativa arquitectónica que garantiza la supervivencia de la belleza de su entorno natural.

El relieve particular del lote, las vistas lejanas hacia un bosque no urbanizado y la particularidad de la composición familiar, son los temas que hacen singular a esta residencia con una propuesta estético-constructiva similar a las otras construidas en Mar Azul, por los arquitectos María Victoria Besonías y Luciano Kruk.
Este proyecto constituye una invitación a reflexionar sobre la relación armoniosa de la arquitectura del hombre y su entorno natural. Un paisaje con puro perfume a mar, plagado de añejas acacias y pinos marinos enraizados en extensos médanos.
Como resultado: una arquitectura despojada, no sólo como elección estética sino como principio ético de valoración de un uso racional de variados materiales naturales, que se incorpora armoniosamente al paisaje con voluntad de pertenencia.
Erigida sobre un lote elevado de 600 m² de superficie, suavemente ondulado y muy forestado, esta propuesta de sólo 105 m² se materializa a través de un juego sereno, pero a la vez inquieto, de diversos planos de hormigón, casi completamente calados.
En el interior de este austero conjunto volumétrico (un prisma con su lado paralelo a la calle) se resolvió una organización de espacios a medios niveles que aprovecha la natural ondulación del predio.


La necesidad de capitalizar en su totalidad la luz y su entorno natural, dio lugar a la concepción de una obra como un “semicubierto”, resolviéndose con grandes paños de vidrio – aberturas cenitales y ventanales de piso a techo - que, desde adentro, posibilitan las vistas en todas direcciones, y desde afuera, reflejan el paisaje haciendo que la casa se mimetice con el mismo.
Idóneamente, se aprovechó lo que el ambiente natural ofrece. Un microclima particular que determinó las decisiones estético-constructivas definiendo la obra.
La calidad expresiva del hormigón visto y sus propiedades de resistencia  e impermeabilidad, hicieron innecesarios cualquier tipo de acabado superficial, lográndose un bajo costo de ejecución en las terminaciones y cero de mantenimiento futuro.
Además, la sombra reinante permitió utilizar este material ya que la misma aporta suficiente protección térmica desde la primavera hasta el otoño. Para los días fríos del invierno, se previó una salamandra en el living-comedor y estufas a gas envasado y eléctricas en el resto de las estancias.
La necesidad de contar con dos dormitorios, dos baños – uno de ellos en suite – y un lugar común, más que generoso, con cocina abierta, permitió que los dormitorios se proyectaran en dos plantas, ofreciendo de esta manera mayor independencia entre las actividades de los padres y sus dos hijos adolescentes.

A medio camino entre estas estancias de puro descanso, se planteó la zona de reunión familiar: un espacio vidriado en sus dos lados mayores que busca captar las vistas lejanas del bosque vecino y el paisaje propio del lote.
Todos los ambientes, en contacto con el terreno, se prolongan al exterior mediante decks a diferentes alturas, relacionados entre sí por una escalera de exquisita simpleza formal.
Una vez atravesada la puerta principal y desde un pequeño hall se puede apreciar dos tramos  de escalera que conducen, medio nivel hacia arriba, al dormitorio principal, y medio nivel hacia abajo, a un espacio de doble altura semi-enterrado en el médano desde el cual se accede al cuarto de baño general y a los dormitorios camarotes de los adolescentes. Estancias que se abren a un patio, también semi hundido, que sirve de expansión de las mismas.
El área más social y compartida por la familia es un espacio único y muy luminoso, donde por medio de diferencias de altura y tabiques de hormigón de prístina blancura se definen los sectores para cocinar, comer y estar. Estas dos últimas estancias, gozan de vistas irrepetibles hacia las copas de los árboles en la separación de las losas.
El interiorismo realizado en esta vivienda se expresa a través de un pulcro minimalismo. Salvo la cama matrimonial y piezas de mobiliario de asiento, el resto del equipamiento se materializó en hormigón., como por ejemplo, las losas perforadas resueltas en voladizo de las bases de las camas de los dormitorios camarotes.
Indudablemente, una residencia confabulada para el disfrute pleno de estadías inmemorables de todo aquel que la habite.~

Texto: Dis. Int. Ana Thorschmidt
Fotos: Gustavo Sosa Pinilla

PROYECTO
BAK arquitectos
Arq. María Victoria Besonías / Arq. Luciano Kruk

Buen viaje 1011. 1ºB. Morón. Buenos Aires.
011-44895424 / www.bakarquitectos.com.ar

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