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Israel, Harutzim.  Creada por el estudio Sharon-Neuman, esta casa revela que la contradicción entre espacios grandes y modernos por un lado, y familiares e íntimos, por otro, puede ser superada.

Ubicado en el distrito central de Israel, cerca de Ra’anana - ciudad conocida por la alta calidad de vida de sus habitantes- se encuentra el moshav (asentamiento, población, que originalmente, se constituyó como un tipo de comunidad rural israelí de carácter cooperativo) de Harutzim. Harutzim tiene apenas 3 km² y unos 800 habitantes.
Es muy probable entonces que el giro un tanto campestre impreso sobre la estética contemporánea de la cúbica fachada sea un tributo al poblado: la casa es blanca y de poca altura, cuenta con un jardín delantero tan coqueto como modesto, un banco de cemento para sentarse en la vereda, y madera en los escalones y puertitas que conducen a la entrada principal, algo elevada sobre la calle.
Esta elevación se debe a que la vivienda ha sido construida en un lote en pendiente que, además es angosto y largo. La medida del lote sumada a los requerimientos del matrimonio con hijos para el que fue pensada, determinaron un diseño cuya calidad no escatima sencillez: la casa se desarrolla en un solo nivel y tiene como centro un gran patio. Las áreas sociales se integran en un cuadrado indiviso que asoma a ese centro; las privadas forman un rectángulo perpendicular al área social, siendo las habitaciones de los niños las que se benefician de la vista en este caso. El pasillo que hace posible la circulación ha sido muñido de una lucerna que lo recorre a lo largo, inteligente solución para dotarlo de luz natural y ventilación.


Así, de un trazo, los arquitectos lograron convertir en ventajas las particularidades del predio y dar respuesta al pedido de los clientes aludido más arriba, entre cuyos puntos principales se incluía una fluida relación entre interiores y exteriores, espacios grandes pero íntimos y algún expediente que los ayudara a mantener ordenada la casa. Todas condiciones que, sin ser nada del otro mundo, exigían una considerable dedicación puesto que debían cumplirse dentro de un marco general de relativa discreción o que al menos excluyera de plano el exhibicionismo y lo suntuoso.
Es evidente que el tema de la fluidez entre interiores y exteriores se resuelve con el enorme patio central al que prácticamente asoman todas las estancias de la casa; menos lo es la forma en que logran conjurar el fantasma del vacío inherente a los copiosos metros cuadrados – solo el área social cubre 120- en entrañables espacios familiares. Para esto, además de construir en una sola planta creando así un efecto de unidad, los arquitectos tomaron las armas de la decoración ,y a la gran caja blanca en la que se disponen cocina, estar y comedor la complementaron con detalles en negro (el piso de fibrocemento del sector cocina, las aberturas, las principales lámparas, algunas sillas), le sumaron entre cuadros, adornos y tapizados lisos y estampados, colores como rojo, naranja, magenta y verde claro. La madera hizo el resto logrando un estilo moderno que no es minimalista y tampoco recargado. Es alegre.

Los mismos recursos decorativos se verifican en las habitaciones, con la añadidura de que las ventanas, sin dejar de alentar el ingreso de la luz natural ni la relación con el afuera recobraron el tamaño que solían tener, uno mucho más acorde a su función que aquel al que nos tiene habituados la estética contemporánea.
El tema del orden fue resuelto con el diseño de esa especie de  placard celeste –parece un mueble pero en la medida en que es una pieza estructural de la casa no deberíamos llamarlo así- que se halla contiguo a la mesa del comedor. Este “mueble” cumple múltiples funciones siendo capaz de cobijar en su interior hasta un pequeño estudio. Puede abrirse por sus cuatro lados, uno de los cuales -como en un cuento de Las mil y una noches- oculta la escalera que va al sótano.
Por su perfecta adecuación al entorno y a los deseos y necesidades de quienes vivirán en ella, por su diseño y estilo, pero sobre todo, por haber revelado que con la cooperación de todos estos factores la oposición entre espacios amplios y calidez de hogar puede superarse, esta casa es una obra de íntima grandeza.•

Textos: Soledad Franco
Fotos: cedidas por Sharon Neuman

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